Tres mujeres jóvenes que le apuestan a la paz en Cali

Lina, Laura y Karen. Foto: captura de vídeo.

En el Valle del Cauca y en especial en el área metropolitana de Cali, muchas mujeres, jóvenes y niñas luchan por la defensa de sus derechos. Durante la pandemia visitamos a tres de las más jóvenes para conocer su realidad en el confinamiento: Lina, Laura y Karen. Lina vive en Jamundí bajo el mismo techo con dos generaciones de mujeres empoderadas. Laura, desde la loma de Siloé, da ejemplo de una juventud pensativa, propositiva y con muchas ideas para mejorar el futuro de las niñas y adolescentes. Karen vive en el oriente de Cali y dice: ¡No más violencia contra la mujer!

Karen, un corazón que late por la salsa y por los derechos de las mujeres

Tiene 17 años, lleva tiempo sin ir al colegio, por la pandemia suspendieron las clases hace meses. Le hace falta sus compañeros y las reflexiones sobre las tareas. “Pero lo que más extraño son mis clases de baile,” dice. Ella baila hace 8 años, participó en el Mundial de Salsa y en la Feria de Cali, se siente parte de la capital de la salsa. El baile y la música son una parte importante de su vida, e incluso, la llevaron a Karen a hacer parte de un grupo de mujeres que defiende los derechos de las mujeres y se opone a la violencia de género.

Cuando entrenaba en una escuela de baile, al lado, en el mismo espacio, arrancó el grupo de mujeres de la Vicaría de Reconciliación y Paz de la Arquidiócesis de Cali. Mientras Karen bailaba, su mamá participaba en ese grupo. Paso a paso, Karen se motivó a participar, explica: “Me gustó el tema y quería aprender, no quería ser una víctima. Es muy importante decir NO a la violencia contra la mujer”. Durante su vida ha conocido muchos casos de violencia contra mujeres y casos intrafamiliares. Estos casos le tocan mucho y no quiere quedarse callada. “Quería aportar algo y ayudar a las personas afectadas”. Karen cambió la clase de baile y se integró al grupo de mujeres. “La psicología me interesa mucho, quiero ayudar a las personas para que estén bien emocionalmente”. Con su unión al grupo motivó a otras jóvenes, y paso a paso, casi todas las chicas que bailan con Karen se integraron al grupo de mujeres.

Laura, un ejemplo para cambiar la sociedad

Laura, con apenas 15 años, ya tomó la misma decisión: “Decidí apoyar a las mujeres que han sufrido, para que la sociedad cambie. El maltrato puede pasar en todas las familias y en la calle, pero las mujeres no denuncian». Laura tiene mucha empatía, se pone fácilmente en el lugar de otras mujeres. Entiende bien porque muchas víctimas no denuncian en caso de violencia. Porque muchas mujeres están acostumbradas a vivir detrás de los hombres, con baja autoestima, porque siempre hay alguien juzgando: fea, gorda, flaca, inútil… “Las mujeres no conocen sus derechos, es el primer problema,” dice Laura. Ella hace parte del grupo de mujeres de su barrio y comparte la información que recibe con otras mujeres, sobre todo con las chicas y niñas. “Si alguna me habla del maltrato que ha sufrido, primero la motivo a hablar, quiero que no se callen”, explica y dice que la violencia es, lamentablemente, algo normal, y que la víctima nunca tiene la culpa: “Quiero decir a todas las mujeres en el mundo: ¡Tenemos derechos!”

“La violencia física solo es parte del problema, sin embargo, no es la única forma de violencia contra mujeres, hay formas mucho más sutiles, que es la opresión permanente”, resume su análisis. Esta opresión se manifiesta en la negligencia de niños y niñas, en muchas familias los padres no tienen el tiempo suficiente para estar pendiente de sus hijos e hijas, así crecen sin sentirse amados. Muchas niñas están en situación de desnutrición y pasan todo el día solas en las casas. Desde muy joven son responsables para tareas de la casa y de cuidar a los más pequeños. Para los chicos no es tan fuerte, pero las niñas se acostumbran a someterse al régimen del hombre. “No dan mucha importancia al estudio, porque todo el mundo les dice que no son para trabajar sino para mantener la casa. ¿Para qué entonces estudiar?”, pregunta Laura.

Lina, escribir para recordar

Con 13 años, Lina es la más joven de las tres. Vive con su familia en Jamundí, bajo el mismo techo con la mamá y la abuela, tres generaciones de mujeres fuertes y empoderadas. La abuela fue su puente para llegar al programa de formación para mujeres. “Un día me dijo: ¡vamos!”, recuerda Lina, y respondió: “Listo, ¡vamos!”. En este tiempo, Lina sufrió mucho por la pérdida de su amiga, que se había suicidado. Su abuela y su mamá pensaban que la participación le puede ayudar a superar sus pensamientos negativos y desarrollarse como persona. Del dicho al hecho, en este caso, no había mucho trecho, y, desde la invitación de la abuela, las tres generaciones participaban en el programa de la Vicaría de Reconciliación y Paz.

“No tengo un temperamento muy fuerte, me gusta estar acá en la casa, con mi guitarra. En el programa aprendí a comunicarme, expresarme y no quedarme sola con mis cosas,” cuenta la joven. Después de terminar el proceso de formación, de graduarse y recibir el certificado, se quedó con un vacío, le hacía falta la reunión semanal con las otras mujeres. Así se dio cuenta de que algunas mujeres podían reunirse y desarrollar ideas de cómo replicar lo aprendido. “Así empezó la idea de llevar el programa a mi colegio”, dice Lina, que ahora forma a sus compañeras y compañeros en el colegio: “Trabajo con los grados 4,5,6 y 7, y la verdad, desde el inicio fue muy bien. Me gusta el canto y la música, tal vez por eso no tenía mucha timidez”.

Amplía esta historia de la Vicaría para la Reconciliación y la Paz de la Arquidiócesis de Cali, aquí.