Mochilas de amor, la tienda virtual en apoyo a las mujeres wayúu

Foto: cortesía

Muhammad Yunus, Premio Nobel de la Paz en el 2006, indicó: “La tecnología es importante, pero lo único que realmente importa es qué hacemos con ella”, y estas palabras son las que han inspirado a Rafael Erazo Ramírez, un emprendedor caleño, a poner al servicio de un grupo de madres cabeza de familia de la comunidad wayúu, una tienda virtual para que ellas puedan vender sus mochilas, chinchorros y demás artesanías que les permiten el sustento diario.

Estas madres wayúu que se dedican al tejido para generar ingresos y poder sobrevivir con sus numerosas familias, debido al actual confinamiento, no han podido viajar a ofrecer sus productos. Situación que les ha afectado económicamente al punto de que se han visto en la necesidad de vender los hilos con los que cosen las mochilas para comprar alimentos y medicinas.

Gracias a la cercanía de Rafael, desde hace más de 20 años con la comunidad wayúu, pudo identificar la crítica situación que están viviendo en este momento y le propuso a Virginia Aguilar, líder de la comunidad en el sector de la ranchería El Paraíso, la idea de buscar una alternativa para que, a pesar de las condiciones de aislamiento, ellas pudiesen seguir ofreciendo sus productos y que además, los vendieran de manera directa para tener mayor ganancia. Virginia se lo propuso a las tejedoras y la iniciativa fue aceptada con gran entusiasmo.

Así nació “Mochilas de amor”, el e-commerce en donde desde cualquier parte del mundo les podrán comprar de manera directa a las madres tejedoras sus productos hechos a mano. La iniciativa cuenta con el apoyo de Infodec, Macondo Toys y la Fundación Misiones del Futuro. Sin embargo, continúan convocando la mayor ayuda posible para lograr que la iniciativa sea sostenible a largo plazo.

«Junto con las madres participantes hemos diseñado un método que involucra la tecnología digital y las tradiciones culturales. Una vez el pedido es realizado, le llega un mensaje por WhatsApp a Virginia Aguilar, la persona responsable de consolidar los pedidos. Dependiendo de la existencia o no de mochilas, Virginia busca a la madre que esté disponible para tejer (un desplazamiento que puede implicar largas caminatas), le enseña el tipo de mochila, acuerdan el pago y la fecha de entrega. Una vez la artesanía es terminada, la tejedora la entrega a Virginia y ella la despacha para Riohacha a la empresa de mensajería», explica Rafael.

Virginia Aguilar, quien como líder de su comunidad conoce de cerca cómo les ha afectado la situación actual, destaca con gratitud la iniciativa: “Le agradezco al Sr. Rafael Erazo y a su familia, por todo lo que están haciendo para ayudar a estas madres. Con el favor de Dios esperamos que Mochilas de Amor permita cumplir ese sueño que todos tenemos: servir de ayuda a todas las madres de esta comunidad, en medio de todo lo que está pasando y la necesidad que hay. Las mujeres wayúu tienen un arte y esperamos que por medio de él, esta tienda virtual pueda brindarles una solución a sus hogares».

La iniciativa de Rafael involucra a sus 3 hijos y esposa, María Virginia Arciniegas, la creadora de Macondo Toys. Su intención es inculcarle a sus hijos Verónica, Juan Ignacio y Esteban, la vocación de servicio por aquellos que lo necesitan.

La confianza ha sido lo principal

Según Virginia Aguilar, la confianza ha sido el valor fundamental para impulsar esta iniciativa. Pues no solo se trata de que las madres le confíen el resultado de varios días de un trabajo hecho a mano, sino que también implica una apuesta a la tradición, al talento y habilidad que de generación en generación la comunidad wayúu preserva como un arte.

Virginia, además es directora de la Escuela Paraíso, centro educativo que gracias al apoyo de Rafael Erazo logró reabrirse luego de 4 años de estar cerrado. La escuela que inicialmente empezó con 20 estudiantes y ahora tiene 80, lleva 5 años funcionando. Sin embargo, en vista de la coyuntura actual, Virginia ha tomado la iniciativa de trasladarse hasta las casas de sus estudiantes, ya que son muy pocos los que cuentan con un equipo que les permita ver clases virtuales.

«Hemos trabajado virtualmente en la escuela a través de teléfonos pero la verdad es que son muy pocos los padres que cuentan con teléfonos inteligentes que puedan brindarle a sus niños la posibilidad de ver las clases a distancia. Como yo soy de la comunidad me he tomado el trabajo, con todos los protocolos y precauciones, de movilizarme por las comunidades. Ellos me tienen la confianza para recibirme en sus casas. Por eso me he dado cuenta de la situación de estas madres», explica Virginia.

Asimismo, resalta que desde que dio a conocer esta oportunidad, no han sido solo ellas las más contentas y emocionadas, pues los niños, quienes también se entretienen en casa tejiendo, han manifestado su alegría.

«Cuando yo los visito y les hablo de Mochilas de Amor, ellos se motivan con esta oportunidad porque ellos también tejen y me comentan lo mucho que desean empezar a generar ingresos para comprarse un equipo con el que puedan seguir estudiando. Ellos están emocionados, por eso quiero que se den las cosas para que puedan lograr sus metas. Los jóvenes cuando logran hacer algo así con sus artesanías, esto los impulsa a hacer cosas buenas en un futuro. Ven el resultado de su esfuerzo y le agarran aprecio y valor», concluye.

Una oportunidad basada en la confianza de saber que su trabajo será valorizado de forma justa, sin intermediarios; y que más allá del beneficio que conseguirán para su sustento diario, representa una forma para que esta comunidad siga trabajando por sus sueños, haciendo del amor por su oficio y de sus coloridos tejidos, un arte que transforme sus vidas.